Una ventana abierta al cambiante mundo y el esfuerzo por tratar de ajustarse a esa realidad fugaz, a la que llamamos Vida

martes, marzo 13, 2012

La burbuja de aire


El mundo a través de una burbuja de aire.
Escuché la voz lejana como en un sueño: “le hemos
inyectado una burbuja de aire dentro del ojo. No se preocupe, va a poder ver a
través de la burbuja. Mañana a las nueve en mi oficina”.
El hombre
había arribado al hospital a las siete de la mañana, puntual. La esposa lo besó
antes de ir a su centro laboral. Esperó una media hora sentado en el frío salón
de recepción, antes de ser llamado a llenar los papeles del seguro. En estos
tiempos, la plata por delante, lo demás puede esperar. La chica, una
adolescente, tímida y friolenta, el jersey grueso color azul la cubría de
cabeza a los pies, actuaba como autómata. Firme aquí, coloque sus iniciales
acá.
Lo
llamaron al salón a los ocho en punto. Se desvistió y colocó la bata poco
hospitalaria y se acostó en la camilla mientras ayudantes le repetían las
mismas preguntas tontas que le había hecho la chica de recepción. Una enfermera
le chequeó los signos vitales. Luego le vertió gotas oftálmicas en el ojo
izquierdo. El hombre sintió un ligero ardor en la conjuntiva. Luego le
colocaron el suero, y a pensar durante la larga espera. Cuando lo entraron a la
sala de cirugía, su mente volaba hacia reinos ignotos y realidades no
tangibles. Nunca supo en qué momento la voz del cirujano alarmado exclamó:
─¿Qué es esto?
Entonces
supe que el mundo había cambiado para mí, a partir de este instante, mi visión
se realiza a través de una burbuja de aire que me comprime la retina y así
evitar una tragedia arcaica: la ceguera por desprendimiento de la retina. Creo
que uno de los ayudantes me había dado una palmada en el hombro y dejaba caer
la frase de rigor.
─Vas a estar bien en un par de semanas.
Tienes suerte, lo atajamos a tiempo.
El
hombre, o sea yo personificado como
carácter novelesco, esperó en la sala de recuperación hasta que una de
mis hijas me recogió en su coche para llevarme a la casa. Mi vida comenzaba esa
mañana de febrero. Mi mundo cambiaba para imágenes a veces deformes, otras
nítidas, del mundo que me rodea. Esta es
la historia del marasmo de interpretar el universo con lentes oxidados, para lo
cual he recurrido a más de seiscientas entradas de mi blog Los temidos 60 durante los últimos seis años. Os advierto que deben
colocarse un chaleco salvavidas para no hundirse en el mar de lentejas de ideas
ya trasnochadas.
24 de
febrero del 2012





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