Una ventana abierta al cambiante mundo y el esfuerzo por tratar de ajustarse a esa realidad fugaz, a la que llamamos Vida

viernes, enero 21, 2011

Confesiones





Confieso que soy impaciente y que someto mis escritos sin siquiera una ojeada para verificar acentos o eliminar erratas tipográficas. la catarata en mi ojo derecho no es muy cooperativa que digamos. A veces tengo visión limpia, otras no tanto. Pero como es difícil escribir a lo tuerto, más fácil lo fue escribir a lo manco al señor que dejó parte de su anatomía en Lepanto. Mi ojo izquierdo es un buen discípulo libre de cataratas y cosas aterradores, pero no puedo escribir con un ojo tapado, las ideas saldrían a sobresaltos, cegadas por las letras que brincan ante el único hueco abierto a la realidad. Por eso para congraciarme con el ojo izquierdo dejo que el pobre remendón derecho haga de las suyas, cometiendo pifias o descuidos. Me auto analizo: soy impaciente y descuidado. Un amigo argentino me sugiere que me busque una secretaria, joven y bonita como atributos originales. Pero por doble carambola no puedo: ni hay plata pá tanto, y mi esposa me mataría. Razones de peso. Lógica apabullante. Pues mi castigo es leer y releer hasta la eternidad cuanto escribo. Soy a versión moderna de Sisifo. Vaya tragedia. ¡Me confieso inútil, imperfecto! No lloren por mí, iberoamericanos, todo tiene solución y creo que este año el escalpelo o el rayo láser me arreglarán el ojo derecho para mayor gloria del izquierdo.
Un bonito viernes,
Wesbri

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